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  • "No podemos olvidar que nosotros estamos trabajando con personas"

    Tres profesionales del trabajo social nos cuentan cómo están viviendo estos tiempos convulsos. Mª Luisa Ponce, Hospital Insular de Gran Canaria; Noemí Postigo, Centre Sociosanitari Isabel Roig de Barcelona y; Simón Sas, Hospital Santa Tecla de Tarragona. 

    ¿Cómo se vivió la llegada de la pandemia en el ámbito profesional del trabajo social?

    -M.L.P: Con bastante incertidumbre y preocupación. Era algo nuevo y no sabíamos lo que se nos venía encima. Desde la profesión de trabajo social estábamos un poco a la expectativa de ver qué es lo que iba a pasar con todos los problemas sociales que ya había previamente, porque sabíamos que esto los iba a agravar. Nosotros trabajamos con personas vulnerables que son las que en este tipo de situaciones se ven más afectadas, y había que evitar que se agrandara la exclusión social que ya existía.

    -S.S: Es una situación que nunca habíamos vivido ni imaginado; una situación nueva que ha generado nuevas necesidades, nuevos recursos, formas de trabajo y de atención a personas con problemática sociosanitaria. Desde los servicios sociales sanitarios, hemos sido muy conscientes del riesgo para la comunidad que provoca el Covid-19; una incertidumbre sanitaria que, no olvidemos, genera un impacto social sin precedentes para todos, pero que afecta aún más a aquellas personas con necesidades sociales y que sufren la precariedad. De ahí que la carga de trabajo haya sido brutal. Hemos acompañado a personas solas durante el ingreso, aislamiento en situaciones críticas/agudas, necesidad de apoyo psicosocial en pacientes hospitalizados, intervención social y acompañamiento en el proceso del duelo, y un largo etcétera.

    -N.P: Ha sido muy duro. Y eso que aquí, en el centro sociosanitario, nos golpeó algo más tarde, sobre todo cuando nuestro hospital de referencia nos empezó a pedir camas porque estaban saturados y tenían que descongestionar urgencias o UCIs. También acogimos a personas de una residencia cercana, y todo esto añadido a los pacientes que ya teníamos. Además, empezaron a salir positivos entre los pacientes, los compañeros… Por otro lado, a nivel social todo se quedó parado, sin posibilidad para hacer entrevistas a las personas ni hablar cara a cara con las familias. Había que hacerlo todo por teléfono o con videollamadas, algo que ha sido fundamental, porque les daba mucha tranquilidad a los familiares en unos momentos en que era complicado contar lo que estaba pasando y cuáles eran las medidas que se tomaban desde el centro. Ahora bien, lo que sí ha permitido esta situación es que hayamos hecho más equipo que en circunstancias normales.

    Precisamente, desde un punto de vista más personal, ¿cómo lo habéis vivido? ¿Habéis echado algo de menos?

    -N.P: Al llegar a casa, desde luego, te da el bajón. En mi caso, además, mi pareja también trabajaba en un hospital y no sabía ni si lo iba a ver al día siguiente. Lo que más he echado en falta son los abrazos que no nos podemos dar en el trabajo en los momentos complicados. Ahí, ha sido fundamental la escucha activa, pararnos dos minutos a contarnos entre compañeros cómo estábamos, pero de verdad.

    -S.S: En mi caso he sentido confusión, sobre todo por no entender lo que estaba sucediendo; viendo y viviendo la realidad del día a día en el centro de trabajo e intentándola gestionar observando la realidad del exterior; la ciudad vacía, paralizada, miradas de miedo y preocupación en las personas, demasiada información a través de todos los medios de comunicación… Y sinceramente, he echado en falta los momentos de desconexión al finalizar la jornada, el no poder hacer deporte o ver a los familiares y amigos.

    -M.L.P: Yo no creo que me haya afectado de manera especial; diría que como a todo el mundo. La palabra clave ha sido incertidumbre, porque no sabes lo que va a pasar ni cómo va a terminar esto; siempre con la preocupación de que la enfermedad afecte directamente a tu entorno familiar o profesional. No obstante, algo que sí he visto que me afectó mucho fue estar pendiente constantemente de las noticias. Y es que nos volvían locos, con informaciones que se contradecían constantemente. Esa impotencia de no poder hacerte una composición de lo que está pasando… Pero también es cierto que quizás haya pasado poco tiempo y queramos certezas sobre algo que solo está empezando.

    Y ahora, ¿con qué ánimo afrontáis la segunda ola de la pandemia?

    -S.S: Pues también con preocupación, pero con un poco de alivio al haber aprendido de la primera. Sabemos un poco más y estamos más preparados. Los trabajadores sociales sanitarios siempre hemos reivindicado que el aspecto sanitario va ligado al social; si no lo entendemos así, nunca podremos responder a las necesidades sociosanitarias de las personas que atendemos.

    -M.L.P: Efectivamente, seguimos con muchísima preocupación, pero con más serenidad. Simplemente porque ya sabemos más o menos qué es lo que está pasando. Al y al cabo, confiamos en que se implementen medidas para dar cobertura y solución, pero ante todo que el miedo no nos paralice. Hay que trabajar con todas las medidas, pero con serenidad, porque no podemos olvidar que trabajamos con personas; no podemos dejar que el miedo nos paralice o nos haga marginar a las personas.

    -N.P: Es cierto que, a nivel de actuaciones y protocolos, ahora va a ser todo mucho más rápido, porque ya están establecidos. Pero a nivel psicológico es duro decir “otra vez me viene todo esto”. Y a nivel profesional también, que todo vuelve a quedar parado… Eso sí, ahora al menos nos es posible transmitir más confianza a las familias que en marzo o abril.